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lunes, 15 de febrero de 2010

¡Felicidades papá!

Setenta años ya y mamá lleva 19 años regalándote flores. A veces pienso si no te gustaría que variase un poco, pero al menos ella te regala algo, yo con acordarme de tu día creo que es suficiente. No es por tacaña es que soy tan despistada como tú.

El otro día cuando estaba en el cine me acordé de tí. ¿Te acuerdas cuando me llevabas al cine a ver películas de vaqueros? Cómo me gustaban, no creas, todavía me queda algo de ellas.

Te voy a dejar de regalito algunas de las escenas de las pelis de Clint Eastwood que tanto te gustaban.



Aunque yo siempre te he visto más así



Un beso gordo, cómo aquel que te di un día y te arranqué una muela.

domingo, 4 de octubre de 2009

V. mangaka

Ayer celebramos con antelación el cumpleaños de mi madre y mi sobrina V. de diez años nos trajo un dibujo que nos había hecho hace tiempo. Nos lo hizo a Gilda (que se ha llevado el suyo y no puedo colgarlo), a mi mujer y a mí.

No llama la atención tanto la calidad del dibujo puesto que son calcados sino la elección de los personajes para cada una de nosotras y sus gestos y/o ademanes.

Tengo que decir que la criatura nos ha clavado, no porque lo diga yo, si no porque todos los allí presentes lo estuvieron, fue la opinión unánime de nueve adultos y dos niños además de la autora.

Es increible la imagen que reciben de nosotros, pero tengo que decir que la conclusión que saco es que en mi familia somos transparentes y está claro cuales son nuestros caracteres.


De mi manga la opinión estaba clara para los demás, tengo el rostro adusto, enfadado y a la defensiva como siempre, aunque yo lo que veo es que estoy atenta, concentrada y alerta, como siempre.

Del de mi mujer nada que añadir, no hay más que verlo, ahí está, peinada y vestida con sus mejores ropajes, alegre y desenfadada, a la espera de que la musa venga a visitarla para crear belleza y fantasía. Fijense en su postura fémina, con que delicadeza toma el abanico, como nos sonrie dulcemente como invitándonos a dialogar sobre las artes en toda su extensión. Lo que denominamos en mi family una princesita.

Está claro, unas crían fama y otras cardan lana, ¿o que se creían?

Gracias V. nos han encantado, el mío lo colgaré en el despacho por si entra alguien con ganas de guerra se lo piense dos veces.

jueves, 10 de septiembre de 2009

Be y Uve

Un buen día, hace más de cuatro años recibí un mail de mi hermana mayor que decía:

"Siguiendo los deseos de ..., te acuerdas que decías, que todos los cuentos eran de familias politicamente correctas, bien, pues este está dedicado a vosotras.A lo mejor me lo tiraís a la cara, por eso prefiero mandarlo por correo.
Pero que conste que yo lo he escrito con todo mi cariño".


Iba con un fichero adjunto que contenía unos de los mejores cuentos que ha escrito ( a su hija también le encantó).


Be y Uve

Be y Uve desde pequeñas eran muy distintas.
Be hasta cumplidos los tres años bebía su leche en biberón y siempre necesitaba babero. Sin embargo Uve prefería hacerlo con un vaso y utilizar servilleta.
Be seguía balbuceando con cuatro años y Uve podía vocalizar todas las palabras perfectamente.
Fueron creciendo pero las diferencias seguían existiendo.
A be le gustaba salir a bailar, mientras que Uve se pasaba la vida viendo videos o divirtiéndose con videojuegos.
Cuando llegaba el calor Be prefería darse un buen baño en la bañera y a Uve disfrutaba viendo volar su pelo con el aire del ventilador.
Tenían dos cosas en común, pero siempre con sus diferencias.
Si a Be le dolía la barriga, a Uve le molestaba el vientre.
Be tocaba el bajo, Uve aprendía a tocar el violonchelo.
También a la hora de elegir la ropa, las dos eran completamente diferentes.
Be se ponía pantalones bombachos y bermudas con blusas blancas o beis y Uve se vestía con vestidos verdes o violetas.

No se habían conocido nunca, pero un día estuvieron muy cerca.
Be se paró en una tienda con un cartel que decía:
Bueno, bonito y barato.
Y Uve lo hizo en la de al lado, se podía leer:
Visítenos, eche un vistazo y volverá.
Pero Be no se fijó en Uve y viceversa.
Así que cada una seguía con su vida.
A Be le encantaban los bizcochos y los bombones. Uve había decidido hacerse vegetariana.
Be trabajaba de bombera y Uve estudiaba en la universidad de veterinaria.
Be tenía un pisito con balcones y uve vivía en una casa con grandes ventanas.
A be le gustaba leer libros a la luz de una bombilla y Uve prefería las velas.

Un día las dos vieron un cartel que anunciaba la verbena del barrio. Ambas decidieron ir.
Cuando se encontraron, observándose brevemente, Uve descubrió la bondad y belleza de Be y Be valoró las virtudes de Uve, era valiente y siempre decía la verdad.
Así que decidieron unirse. ¡BRAVO!
Aunque Uve siempre querría pasar las vacaciones en un velero. Después de todo-pensaba Be- es un barco ¿no?
¡Vamos donde tu quieras mi vida!

Creado y escrito por Gilda.


He querido compartir este cuento, previo permiso de la autora para que Farala pueda ver que con ganas hay historias hermosas en todas las familias, ahora sólo queda que tengan ganas de publicarlas.

(Sepan ustedes que mi hermana no publica porque no quiere pero por costumbre registra sus cuentos en la SGAE)

domingo, 12 de julio de 2009

La apuesta

Nunca entro en ninguna sala de juego. Me gusta demasiado.
Tal vez por eso cada vez que tengo una oportunidad me sale de forma natural un, ¿qué te apuestas? Y ahí comienza el lío.
Porque, ¿que es necesario para apostar? primero, tener aquello que apostaste; segundo, estar preparada para perder; tercero, estar preparada para ganar y cuarto, cumplir tu apuesta.

Sólo las personas de palabra deben apostar, porque en una apuesta sólo intervienen dos cosas, el apretón de manos y la confianza en que se cumplirá.


En mi casa siempre nos ha gustado mucho los juegos de mesa.
Es una de las ventajas de ser familia numerosa (de las de antes, de cuatro hermanos). A mi padre también le gustaba jugar, de hecho creo que fue él quien nos inculcó el amor por los juegos de mesa (a mi madre sólo la viudedaz consiguió que le gustase jugar para tener compañía). Bueno nos lo inculcó mi padre y la escasez de dinero para la fecha de Reyes. Con un juego nos despachaban a los tres hermanos mayores. La pequeña era demasiado pequeña aun.

Tengo que decir que para nosotros no suponía un trauma no tener varios juguetes en tales fechas. Estabamos encantados de recibir el juego esperado. Lo complicado para nosotros era llegar a un acuerdo de que juego nos pediríamos, aunque recuerdo perfectamente que yo siempre perdía, mi hermana y mi hermano mayores se unían y mi opinión quedaba en agua de borrajas, ¡abusones!.

Nunca me importó, al final siempre tenían razón y los juegos eran mejor de lo que esperaba. Aseguro que los amortizábamos completamente.

Con mi padre jugábamos sobretodo al dominó. Las parejas se distribuían entre mi padre y mi hermano y mi hermana y yo.
Cuando mi hermana y yo discutíamos porque (siempre según ella) yo había puesto la ficha que no era, que no me enteraba, ¡que esa no, que me cierras! y yo me defendía discutiendo también,( ¡qué sólo tenía diez años y ella catorce!, también yo tenía más mala leche), mi padre pacientemente nos recordaba que el dominó era un juego que inventaron unos monjes con voto de silencio. Nosotros nos mirábamos y el silencio duraba hasta que volviamos a poner la siguiente ficha en la mesa.

Otro de mis juegos favoritos fue "El Cluedo". este juego nunca llegó a casa en forma de caja, pero con mi hermana mayor eso era lo de menos. Tuvimos la suerte de que una amiga suya lo tenía, entonces mi hermana volvía a casa después de jugar y nos decía ¡Ya se jugar!. Y se ponía a trabajar en la mesa del comedor. Dibujaba, recortaba, pegaba y después de unos días ya teníamos el Cluedo made in Gilda. Así daba gusto.

Uno de los juegos que más nos gustaban era "El Metrópoly", sí digo bien, no "El Monopoly", el nuestro era una versión en la que en lugar de calles, casas y hoteles, estabas en una especie de centro comercial con tiendas, joyerías, bancos, etc. Alguna vez lo he buscado por la red pero no hay manera.

Pero la revolución vino de la mano del "Busca y Captura". Madre mía que nervios cuando abrimos la caja. Es un juego donde viene una máquina digital tipo teléfono móvil de la prehistoria donde debías escuchar los pasos y los robos del ladrón del juego e intentad ser el primero en atraparlo. ¡Y yo que quería el Simón!, otra vez acertaron ellos. Mi hermano aun lo tiene guardado en su casa.

Y no, no termina aquí, no importa que cada uno viva en su casa, siempre que podemos nos juntamos para jugar. y si nos vamos de casa rural o a casa de mi hermano o mi madre, no faltan los juegos de mesa.
Nos gusta tanto jugar que nos da igual tres que treinta. ¿Qué a mi cuñao no les gustan los juegos de mesa pero le gusta el Poker? pues a aprender y a jugar, que también nos vale.

Este hobby ha conseguido que nuestras parejas también se animen y realmente disfrutan con ello, por no hablar de mis sobrinas que ya son un grave peligro si se trata de "Los Colonos de Catán".

Siempre que apuestes debes cumplir tu palabra.
Consejo: si has bebido antes unas copas, mejor no apuestes porque se te puede calentar la boca y arrepentirte después, porque, cumplir hay que cumplir.

Y si no, !No apuestes¡